Biografía

Para definir la música de Camela hay frases para todos los gustos. Desde que es como “la esquina del barrio donde se cruzan Los Chunguitos con el tecno melódico de los Pet Shop Boys”, a la opinión de José Mercé: “Yo escucho a Camela y veo que ahí hay sentimiento, pero luego los que lo saben todo dicen que no. ¡Qué sabrán ellos lo que es sentimento y pureza!”. “Es lo que los ingleses llaman ‘the people’s choice’: los elegidos del pueblo”, publicaba el diario El Mundo hace algún tiempo sobre el grupo madrileño. El caso es que más de seis millones de personas han comprado sus discos oficiales desde que en 1994 el trío publicó su primer álbum, y muchos más los seguidores que han almacenado en su memoria canciones que enganchan a la primera porque, como dice Camela, “todos los artistas interpretan canciones de amor. Nosotros hacemos historias de amor”.

Cuando Ángeles Muñoz, Dioni Martín y Miguel Ángel Cabrera formaron Camela, difícilmente podían imaginar la proyección que, a lo largo del tiempo, tendrían sus canciones. Amigos desde el colegio, Ángeles trabajaba en una imprenta, Dioni conducía una furgoneta haciendo portes y Miguel Ángel esbozaba sus primeras composiciones con la ayuda de un teclado electrónico. Los tres vivían en el barrio madrileño de San Cristóbal de Los Ángeles, al que siguen apegados sentimentalmente. “Es mi barrio. Allí vive mi familia, mis amigos. Ahí siguen y allí viví yo hasta hace pocos años. Raro es el día que no los visito”, dice Dioni. “Es el barrio de Camela y de Raúl, que es una institución, un estandarte. Gente obrera, humilde, sencilla. ¿Sabes que el emblema del barrio es una gran chimenea y la iban a tirar? La han salvado las cigüeñas, que anidan en lo alto”.

Sacando horas de donde no había, Ángeles, Dioni y Miguel Ángel se reunían a ensayar canciones que contaban pequeñas historias cotidianas, de amores y desamores, desengaños y reconciliaciones, siempre con las voces de Ángeles y Dioni dándose la réplica y con una música que pronto alguien definió como tecnorumba. Canciones que desde 1992 comenzaron a circular entre familiares y amigos, ensanchándose rápidamente el círculo de admiradores. Tal fue la demanda que Camela, tras reunir 200.000 pesetas de entonces (1.202 euros), comenzó a producir y editar sus canciones.

“Lo nuestro era un hobby. Hicimos las maquetas porque queríamos tener nuestra música grabada. Nos contentábamos con recuperar el dinero que habíamos gastado”, afirman. “Vendíamos mucho. Para nosotros es un orgullo haber comenzado de esta forma”. Corría el año 1994 cuando una de esas cintas cayó en manos de Alfonso Corral, propietario de una pequeña discográfica independiente, que se lanzó a publicar su primer álbum: Lágrimas de amor. Comenzaba el fenómeno Camela.

“Con nuestro primer disco llegamos a vender más de medio millón de copias haciendo únicamente una sola aparición en televisión”, dice el grupo. Un año después, Camela publicó su segundo álbum, Sueños inalcanzables, que permaneció 30 semanas en la lista de los más vendidos. Y en 1996, con una gira de más de 120 conciertos por toda España, el trío volvió a grabar aquellos temas iniciales y editó su tercer trabajo: 12 primeras canciones. Camela se deslizaba por la cresta de la ola y era el grupo elegido, mientras los medios de comunicación pasaban de puntillas sobre el fenómeno, observándolo casi de soslayo y con cierto desdén.

En 1997, Camela lanzó su órdago cuando el álbum Corazón indomable alcanzó el nº1 en la lista oficial de los más vendidos y en 1998 lo ganó definitivamente cuando su siguiente disco, Sólo por ti, volvió a batir récords consiguiendo el doble platino en sólo siete días. Camela desvelaba algunos de los secretos de su triunfo: “Por nuestra sencillez y porque lo hacemos de corazón. Lo que hacemos no lo hace nadie. ¡Ni siquiera saben como calificarlo! Tecno-salaíllo podemos poner. Somos gente de la calle que se ha hecho popular a través de sus canciones y gracias a que la gente se siente identificada con ellas”.

En 1999, Camela firmó contrato con EMI y, un año más tarde, publicaba Simplemente amor, un disco diferente, cuidado al detalle y que volvió a ocupar el nº1 durante tres semanas con más de 450.000 ejemplares vendidos. Era el momento de saltar a Latinoamérica, de congregar a 20.000 personas en el Paseo de la Ahumada de Santiago de Chile para llenar después el Estadio Santa Laura, mientras continuaba su impecable carrera discográfica en España. En 2001, el álbum Amor.com vendió más de 400.000 ejemplares; en 2003, Por siempre tú y yo superó los 300.000; en 2004, 10 de corazón alcanzó el doble platino; en 2005, el recopilatorio Camela Oro superó el disco de platino, como sucedió con Se ciega por amor en 2006, mientras Te prometo el universo en 2007 y Laberinto de amor en 2008 alcanzaron el oro.

En mayo de 2011, Camela publicó La magia del amor, su último trabajo, en el que el trío da una nueva vuelta de tuerca a su música situándola en un mundo más contemporáneo, renovándose bajo la producción de Jacobo Calderón. Tras un cuidado proceso de preparación, la publicación de La magia del amor se producía después de que Camela celebrase a finales de 2009 sus más de 15 años de éxitos ininterrumpidos en la música con un concierto extraordinario en el Teätro Häagen-Dazs Calderón de Madrid, donde recibió un disco homenaje por los más de 600.000 ejemplares vendidos de sus cinco últimos álbumes: Laberinto de amor (disco de oro), Te prometo el universo (disco de oro), Se ciega por amor (disco de platino), el recopilatorio Dioni, Ángeles y Miguel (disco de platino) y Por siempre tú y yo (doble platino).

Es la historia de Camela, de unas canciones que cuando se escuchan nos hacen sentir que no hemos perdido el contacto con el asfalto, con el barrio. Camela es una toma de tierra musical, un chute de hiperrealidad. “Se nos acercan novios que nos dicen que se han enamorado con nuestra música, o gente que te cuenta que eso que cantas les ha pasado a ellos, que ponen el disco por las noches y lloran porque les ha dejado su pareja” dice Camela, que continúa su carrera inalterable, con sus canciones (“Nos gusta llamarlas historias”, dicen) y con el mayor reconocimiento que un artista puede conseguir: “Ya tenemos el premio de la gente. No hay nada más importante”.